Acepta lo bueno de la vida

Te podrás dar cuenta fácilmente que tu mente se va, con más frecuencia, a pensamientos preocupantes, tristes, peligroso, a futuros catastróficos, o pasados tristes y nostálgicos, pensamientos angustiantes y negativos, que generan ansiedad, miedo e inseguridad. Con más frecuencia se ve lo feo, lo malo de las cosas y creo que la razón es porque esas cosas negativas, esos pensamientos de preocupación son más amenazantes y nos mantienen en un estado de hiper-vigilia, es decir, en estados de ansiedad. Hasta pareciese que nos gusta estar así, hasta nos aferramos a estos pensamientos angustiantes, como si no supiéramos vivir y pensar de otra manera, como si fuera una obligación sufrir ¿Qué van a pensar de mi si no sufro?

 

Acepta lo bueno, también se puede ver lo bueno, bonito, hermoso y feliz. ¿porqué no podemos ser felices? Nuestra mente nos domina, lo ideal sería lo contrario, que seamos nosotros quienes controlamos esa mente que es nuestra. Tenemos el derecho a ser felices, también es una decisión serlo, sé que no se puede controlar todo y que habrán situaciones difíciles y dolorosas en la vida, inevitables, y pasajeras. No quedarse en ellas por demasiado tiempo y saber que puedo trascender el dolor y regresar a la armonía.

 

Aceptar lo bueno de la vida, también es saber que yo decido ser feliz, mirar la belleza, la bondad y todas aquellas personas, lugares y recuerdos que me inspiren una sonrisa y un suspiro de alegría. Podemos ser felices, podemos disfrutar la vida quizá debamos aprender cómo hacerlo. Una clave muy importante es aprendiendo a vivir en el aquí y en el ahora, el momento presente es la felicidad, es lo real, lo que sí tenemos y lo que nos hace estar más en contacto con nosotros mismos y con los demás.

 

Mttra. Elena Bouchot Gamas
Psicoterapeuta Gestalt
Facebook Elena Bouchot Gestalt
Pág. Web. Gestaltconsulta.com
Tels. 52337872 y 0445529515860

 

Yo tengo la razón.. y tú también

 

 

 

Sentir que "no tengo la razón" realmente genera ansiedad, se siente que pierdo algo y a nadie le gusta perder nada, el conflicto es que tampoco quiero perder la relación que tengo con quien estoy luchando por tener la razón y ganar la contienda. A veces ponemos nuestro valor como personas en ciertas habilidades, una de ellas es ser inteligente, sagaz, agresivo y que nunca se equivoca; es una presión muy fuerte perder la batalla en una discusión.

 

Todos tenemos nuestras razones, puntos de vista, creencias y criterios, la lucha de egos no permito conocer y escuchar al otro, conocer y entender "sus razones" ¿Cuáles son las tuyas? ¿Cuáles son las mías? Las dos son valiosas, se trata de entender-te, no de ganarte, pero el ego necesita, a toda costa, GANAR, ¿Y si por ganar te pierdo?

 

Mttra. Elena Bouchot Gamas
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La Importante Función Paterna

 

 

 

Uno de las principales funciones del padre varón es la de romper la natural simbiosis de la madre con su hijo para llevarlo al mundo, enseñarle a trabajar y desenvolverse en la vida, dándole herramientas de sobrevivencia, es su entrenador de vida por decirlo de alguna manera. También le enseña lo bueno y lo malo, valores éticos. Si todo padre estuviese cerca de su hijo educándolo, me atrevo a decir que no habrían delitos ni crímenes.

 

Romper esta simbiosis causa ansiedad y dolor a las madres y tienden a resistirse, pueden llegar a alejar al padre de sus hijos para evitar que el padre intervenga en la educación y crianza de los hijos. Infinidad de veces he visto en consulta problemas de este tipo, donde las mamás se sienten amenazadas en su labor de madre y no dejan al padre ejercer su rol, reitero, su importante rol en la enseñanza. Lo ideal sería que ambos complementaran sus roles, el de la madre de dar apoyo, contención emocional, afecto y cuidados, y como mencioné anteriormente, el padre sacar al hijo/a al mundo y enseñarle a moverse en él. Esta complementación de roles enriquecería y fortalecería el desarrollo y crecimiento integral del niño si se adecua correctamente con la edad de éste.

 

La separación simbiótica se va dando paulatinamente a partir de los dos años de edad del infante, apoyando a la madre a ir superando esta separación, no total, solamente parcial con su hijo, compartiendo la gran labor que ambos tienen en sus manos.

 

Mttra. Elena Bouchot Gamas
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