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Los 2 años de Edad y el posible inicio de la Personalidad Masoquista

El masoquismo. Algunos apuntes.


 | 21 marzo 2013 | 0 comments

Cuando la tendencia natural a procurarse satisfacción, relajación y placer es frustrada aparece una reacción emocional natural de rabia. Si la expresión de la rabia es a su vez obstaculizada e impedida, se impide también la descarga tensional, originándose la estasis energética que dará lugar a la experiencia vegetativa  de tensión, la cual producirá a su vez la vivencia de angustia.

El masoquismo es un intento de evitar displaceres mayores (el castigo y la angustia), reales en la infancia y fantaseados en el adulto, evocado por un deseo de satisfacción que queda fijado como pauta de conducta cuando el niño vive repetidamente experiencias en las que la rabia originada por la frustración del intento de obtener satisfacción fue a su vez también frustrada y descalificada.

Los rasgos masoquistas en cualquier tipo de carácter son, por tanto, intentos de evitar un castigo fantaseado ante el deseo de satisfacción de una necesidad o de la obtención de placer. Un intento pues de evitar la culpa y la angustia que de la fantasía de satisfacción se deriva, situación que es evocada como un displacer mayor que la falta de satisfacción. Es una angustia que será activada cada vez que se tome contacto con la necesidad de satisfacción y se evoque de forma consciente o inconsciente la situación original. Una evitación que conducirá a su vez a mayor estasis energética, mayor tensión, mayor displacer y mayor angustia, entrando en un bucle llamado en bioenergética "ciénaga masoquista".

Algunos rasgos masoquistas están presentes en mayor o menor medida en todos los caracteres como aquellas pautas de conducta repetitiva que nos dificultan la obtención de satisfacción y placer y suponen en su conjunto una desconexión global del contacto con la necesidad y el deseo como estrategia de evitación de la angustia. El carácter masoquista está por ello sometido a una tensión extrema y permanente.

La estructura del carácter masoquista queda fijada en la fase anal del desarrollo, que comienza aproximadamente al año y medio y se prolonga hasta los dos años y medio o tres años. Es la fase en la que el niño comienza a tener noticias sensoriales del aparato excretor, la vejiga de la orina, el recto y sus correspondientes esfínteres porque es la fase en la que van madurando las terminaciones nerviosas que conectan con esas zonas del cuerpo. Advierte la tensión propia de la necesidad de evacuar. Esta nueva experiencia está marcada por dos tipos de sensaciones: la de tensión cuando la vejiga o el recto están llenos y la de relajación cuando son vaciados. Va tomando conciencia de que es la tensión lo que señala la necesidad y de que satisfacerla produce placer y relajación.

El placer y la relajación son siempre la consecuencia natural de la satisfacción de cualquier necesidad, y sobre todo de las necesidades básicas.

Cada vez que una zona del cuerpo madura y adquiere realce sensorial, todas las experiencias por las que pase el niño dejarán una huella mnésica sensorial y emocional superpuesta a las sensaciones que comience a experimentar relacionadas con esa zona que acaparan su atención del momento porque le resultan novedosas e intensas.

En esta fase irá conquistando mayor grado de autonomía y con ello más experiencias gratificantes (permiso y complacencia) o frustrantes (prohibición y castigo). Y quizás con demasiada frecuencia, ambigüedad y contradicción en las respuestas de los adultos, ante las cuales el niño suele confundirse.

A partir de este momento evolutivo comenzará a tener la suficiente maduración cognitiva como para ir introyectando las normas que provienen de su medio familiar y para ir dándose cuenta de que el hecho de poder ejercer control sobre sus esfínteres le proporcionará el poder de dar o no dar algo de sí mismo, y va a ir conociendo las consecuencias que este dar o no dar, este SI o NO, tienen sobre el medio en el que vive y se desarrolla. Sera el principio del desarrollo de su conciencia moral, de lo que puede, debe o no puede, no debe hacer, de lo que está bien y lo que está mal en su medio familiar. A medida que se desarrolla esta fase evolutiva, el niño va teniendo más clara consciencia de sus necesidades y de sus posibilidades, de lo que quiere y lo que no quiere. Va aprendiendo que sus necesidades e incipientes deseos no siempre coinciden con lo que se le pide o se le impone. Comienza a comprender el poder de una palabra que ha oído repetidamente: NO. Y a través de ella inicia su proceso de diferenciación del otro (individualización) porque eso NO significa capacidad para oponerse a las acciones que se ejercen sobre él y que no desea. Por primera vez puede oponerse a los deseos de los demás afirmando su individualidad ante ellos.

NO quiere decir "no tengo porque complacerte siempre, respétame, no me obligues a aceptar lo que no quiero, a ir contra mis necesidades".

Si esta situación no es bien entendida por los padres y educadores, si no se entiende como la expresión de la necesidad básica que el niño tiene de diferenciarse de los otros, madre incluida, si no se atiende y se respeta como el inicio en el uso de una herramienta verbal necesaria para su individualización y autonomía, no se darán las bases adecuadas para que se arraigue el Sentimiento Básico de confianza en su Autonomía e Individualización (diferenciación del otro, afirmación ante el otro).

Ante esta manifestación de su recién adquirida individualidad, de lo que ES y lo que sabe de sí, espera que se le apoye, se le mire y se le admire, y necesita que se le devuelva seguridad y una buena imagen de si mismo. Manipularlo, ignorarlo, descalificarlo o humillarlo significaran posiblemente una fijación nuclear para que se estructure el carácter masoquista.

Este proceso evolutivo se hace posible porque fisiológicamente el niño es capaz de ejercer el control voluntario sobre su sistema muscular, tanto sobre los esfínteres como sobre el resto del cuerpo facilitando la bipedestación, la manipulación y la fonación.

Durante la fase anal se produce la separación del estado fusional con la madre de la fase oral, a partir del desarrollo de nuevas capacidades básicas: conciencia de sus necesidades y capacidad para confrontarlas e influir en su medio, la individualización como ser autónomo que se diferencia del otro, el control sobre su cuerpo, su lenguaje, el aprender a andar, la comunicación y el inicio de la formación de su conciencia social.

En el carácter masoquista queda lesionado el desarrollo de la persona como individuo autónomo e independiente, diferente de cualquier otro, y capaz de saber sobre sí mismo y de procurarse activamente bienestar.

Basado en el capítulo sobre el carácter masoquista,

del libro "Ternura y agresividad", de Juan José Albert. 


Psic. y Psicoterapeuta Gestalt Elena Bouchot Gamas
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